Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Toda persona transita por la vida como si ésta fuera un camino en el que descubrimos distintos paisajes y atravesamos por distintas situaciones. También se suele utilizar mucho la imagen de un río, con tramos apacibles y otros de rápidos peligrosos. Da igual la metáfora que utilicemos, la idea es la misma: la vida transcurre, avanza, atravesando momentos buenos y momentos malos. Es así desde que tenemos conciencia de que vivimos hasta que exhalamos nuestro último aliento.

A lo largo de ella afrontamos dificultades de todo tipo. Hay dificultades económicas, sociales, intelectuales, emocionales e incluso de tipo vegetativo. Afrontamos problemas de salud, pérdidas dolorosas, decepciones, frustraciones, traiciones… Y en todas esas dificultades tratamos de salir adelante de la mejor manera posible con los recursos y datos que también vamos adquiriendo en el camino.

Pero hay un punto, una situación, un momento en la vida en el que algunas personas se enfrentan a lo que podríamos llamar «el susto». Un momento en el que no sabemos cómo actuar, como salir adelante. Es un momento en el que sentimos que la situación nos sobrepasa, en la que tememos que vamos a perder el control, que no seremos capaces de reconducir.

Es una situación agobiante, llena de angustia y ansiedad. Y sobre todo, muy solitaria, muy íntima, muy personal. Si no la han vivido, mejor. Si la han vivido, saben de qué les hablo.

Por mi profesión, me encuentro muchas veces con personas que la están viviendo. Llegan a la consulta en busca de ayuda cuando ya no encuentran otra solución mejor. Son personas que se sienten un poco avergonzadas, como si el no poder encontrar una salida por sí mismos fuera una muestra de su debilidad, de su incompetencia. Y sufren. Es un sufrimiento sordo, silencioso, interior. Al principio no lo muestran. Se protegen de mi «mirada» y miden e incluso «maquillan» su relato en una especie de reflejo de justificación.

Pero enseguida comprenden, o les hago comprender, que no es necesario todo eso. Nadie les va a juzgar. Han llegado porque necesitan ayuda y ayuda es lo que recibirán. Y buscar ayuda no es signo de nada negativo, es solo una manifestación muy explícita de su deseo de mejorar. ¿Qué reproche puede tener el deseo de mejorar? Ninguno. ¡Todo lo contrario! No hay nada más humano que el deseo de mejorar y el esfuerzo por encontrar ayuda para hacerlo es encomiable.

No lo dude. No se haga líos. Si está viviendo una situación así, si siente ese «susto», no se avergüence por buscar ayuda. Es lo mejor que puede hacer. Es lo más inteligente, lo más eficaz y lo más respetable. Nadie puede ser especialista en todo. Cuando el problema es específico, lo mejor es buscar la ayuda de un especialista en esa materia. ¿No cree?