Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Se está hablando mucho en estas semanas del tema de las pensiones. Si se han fijado, constantemente se hace referencia a las expectativas: que si la esperanza de vida (una expectativa) que si el sostenimiento (otra expectativa), que si la pirámide de edad en unos años (expectativa) y así siguiendo.

Pero no es solo en ese tema de las pensiones. Se habla de las expectativas de empleo, de las expectativas de los jóvenes según tengan estudios superiores o no los tengan, de las expectativas de la llegada de turistas, de las expectativas de esto y las expectativas de aquello.

¿Por qué tanta cosa con las expectativas? ¿Qué nos pasa con las expectativas? ¿Tan importantes son?

Pues desde el punto de vista de la psicología ¡son fundamentales!

Las expectativas son la base de nuestra felicidad en buena medida. Pensemos un poco a través de ejemplos.

Una persona nacida en un país subdesarrollado en una familia pobre se juega la vida para llegar a Europa aunque sea para ser pobre igualmente. ¿Por qué? ¿Qué fuerza le impulsa? Sin duda las expectativas de una vida mejor. Sabe que seguramente será pobre aquí, que lo que tendrá será una vida dura y pobre en comparación con la media europea. Pero aun así viene, lucha, arriesga incluso la vida. ¿Creen que su experiencia vital será igual a la de una persona española que tenga el mismo nivel de vida de esa persona inmigrante que tanto luchó por llegar?¿Quién se sentirá más feliz?

Ahora imaginemos a una persona a la que le diagnostican una grave enfermedad y le dan una esperanza de vida de unos pocos años. ¿Cree que vivirá esos años de la misma forma que una persona que viva los mismos años que ella pero no le hayan diagnosticado nada? Las dos personas viven el mismo tiempo pero de ninguna manera viven ese tiempo con la misma intensidad ni lo valorarán igual.

Las expectativas no lo son todo pero son fundamentales en nuestra experiencia de vivir. Vivimos «lanzados mentalmente al futuro», somos «constructores de nuestro futuro» y según vaya la construcción nos sentiremos más o menos felices, más o menos «realizados/as», como se decía hace años. Unas expectativas mal construidas nos pueden frenar, o frustrar, o desviar. Y se pueden construir mal por muchas cosas: por pesimismo, por optimismo, por ignorancia, porque otras personas nos confunden…

Revise sus expectativas en todos los terrenos. Será un ejercicio muy interesante que le aportará muchos beneficios. Y, por cierto, hágalo con frecuencia, ¡que las cosas evolucionan!