Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Si buscamos el concepto «disociación» en la wikipedia encontraremos esta primera frase: «el término disociación describe una amplia variedad de experiencias que pueden ir desde un leve distanciamiento del ambiente circundante hasta distanciamientos más graves de la experiencia física y emocional. La principal característica de todos los fenómenos disociativos consiste en el distanciamiento de la realidad».

Podemos afrimar, por tanto, que vivimos tiempos en los que todos los ciudadanos experimentamos un cierto grado de «disociación». Una disociación entre lo que percibimos de la realidad y nuestra experiencia personal. Les pondré algunos ejemplos.

La corrupción. Estamos educados en unos valores que incluyen la honradez y la solidaridad como elementos básicos de la convivencia humana. Sin embargo, la percepción de la realidad nos dice que no es así, que la corrupción está generalizada desde la política hasta la economía, los medios de comunicación, los clubes de fútbol, la gestión pública, etc.

La manipulación. Imaginamos que los medios de comunicación nos ofrecen una ventana a la realidad. Sin embargo, día a día comprobamos que esto no es así y que lo que nos ofrecen son visiones sesgadas e interesadas de la realidad para tratar de condicionar (manipular) nuestra percepción del mundo.

El prestigio social. Suponemos que socialmente están más valoradas y reconocidas las personas que hacen aportes importantes al bien común: médicos, educadores, voluntarios, artistas… Sin embargo, la percepción de la realidad nos dice que esto no es así, que se valoran y prestigian a futbolistas, personajes locuaces sin ninguna formación («famosos» les llaman) y un sin fin de mediocres  extraordinariamente pagados e inexplicablemente publicitados en los medios de comunicación.

Todo esto produce en nuestro psiquismo una experiencia que podríamos denominar «disociación» porque lo que nuestra percepción nos aporta de la realidad social no coincide con lo que nuestra construción psicológica espera de ella. Se genera así una especie de desasosiego, de desorientación, en la que experimentamos un malestar, un «cabreo» constante que se sitúa de fondo de nuestro vivir cotidiano. Vivimos entre cabreados y confusos, preguntándonos si no seremos nosotros los «pardillos», los equivocados. Justo todo lo contrario de lo que nos iría bien que no es otra cosa que la certidumbre y la confianza en nosotros mismos.