Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Tendemos a pensar que cualquier problema psicológico tiene su origen en una causa concreta. Un problema de pareja, una pérdida muy sentida, un despido, una agresión…Y en muchas ocasiones es así. Pero hoy quiero dedicar este espacio a una realidad muy extendida en estos tiempos: la acumulación.

La sabiduría popular ya acuñó el mejor resumen para este  asunto cuando se dice aquello de «la gota que colma el vaso». En psicología esta gota que colma el vaso tiene todo el sentido del mundo.

Les hablaba el anterior mes del concepto de «umbral» que es ese nivel, sobrepasado el cual, se desencadena una respuesta. También podríamos utilizar la imagen de un termómetro que va marcando una «temperatura psicológica». A veces el termómetro va subiendo y otras va bajando, pero sobrepasado un determinado nivel, el conflicto psicológico se desencadena en forma de depresión, por ejemplo.

Vivimos en tiempos muy difíciles. Grandes capas de la población vive especialmente tensionada por los trabajos temporales, los precios de vivienda y los alquileres excesivamente altos (sobre todo en relación a los salarios) y las incertidumbres que el panorama político y social presenta. Este sustrato generalizado se agrava con algunos elementos que tampoco son menores: la aceleración de los cambios, un creciente individualismo, una generalizada crisis en las familias, en sus formas y relaciones…etc.

Digamos que nuestro termómetro psicológico está ya en niveles altos. Si, en ese contexto, los problemas se agravan, no necesariamente con sucesos traumáticos, el nivel puede llegar a superar el umbral de nuestro aguante y desencadenar un conflicto. Por ejemplo, sin despido ni divorcio, puede suceder que nuestra empresa anuncie una reducción de personal y nuestra pareja se distancie un poco al mismo tiempo. No ha habido despido, cierto. No ha habido divorcio, cierto. Pero aún así nuestro psiquismo entra en crisis y aparecen síntomas muy preocupantes.

El problema es que en estas situaciones puede aparecer un hecho que se percibe como desencadenante e inducir a un diagnóstico erróneo porque, tal hecho, por sí mismo no sería un grave problema si no fuera por la acumulación previa de situaciones. Por eso es muy importante en cada terapia revisar toda la situación actual del paciente no sea que, mediante un trabajo eficaz sobre diversos ámbitos de su vida cotidiana, la salida del problema sea mucho más sencilla.