Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

¿Saben ustedes que en septiembre se produce el pico más alto de divorcios del año? Pues sí, es así y la estadística se viene publicando desde hace años. Así que no sería extraño pensar que ese fenómeno se relaciona con los meses de verano. Pero… ¿Qué pasa en el verano para que las relaciones de muchas parejas se resientan hasta el punto de la ruptura? Yo apunto dos factores: el calor y las vacaciones.

El calor suele ser bienvenido y es habitual que al principio se hable del «calorcito» del verano. Poco a poco el diminutivo cariñoso va desapareciendo y empieza a convertirse en aumentativo: «vaya calorazo». Para septiembre ya estamos todos hablando de lo «hartos que estamos de tanto calor», del «calor de Barcelona que es muy húmedo» y de a ver si refresca un poco…

Desde un punto de vista psicológico, el calor no desencadena problemas específicos pero sí que es un factor que se suma a otros porque suma «agobio» a los agobios propios de la existencia cotidiana.

Las vacaciones son igualmente bienvenidas, incluso anheladas por las personas que tienen la suerte de poder disfrutar de ellas en estos tiempos de paro y precariedad. Pero también traen ciertos factores de riesgo: las vacaciones de los niños, el aumento significativo de las horas de convivencia en las parejas, algunas frustraciones derivadas de las expectativas no cumplidas, etc.

Cuando una pareja arrastra conflictos no bien resueltos, la unión del agobio del calor, con los factores mencionados durante las vacaciones, puede actuar como «catalizador» de esos conflictos aumentando su intensidad hasta que la crisis de pareja se hace evidente.

En algunas ocasiones las parejas se llegan a romper por un acontecimiento concreto, una infidelidad, por ejemplo. Pero en la mayoría de las ocasiones la ruptura es el desenlace final de un largo proceso de desencuentros, tensiones y situaciones mal resueltas. Es en este segundo caso en el que el calor agobiante, la convivencia intensificada, los líos con los hijos pequeños, las tensiones de los desplazamientos, hoteles, etc. etc. acaban haciendo que el equilibrio se rompa.

Tener en cuenta estos factores antes de que las tensiones aparezcan puede ser de gran ayuda. Y, por supuesto, mucha comunicación, mucha complicidad y todo el amor que nos tengamos, compondrán la mejor receta para superar estas situaciones.