Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

El psiquismo humano tiene una capacidad que nos resulta esencial: es capaz de imaginar posibles situaciones futuras. Esto lo hacemos mucho a principios de cada año. «Miramos» al futuro y barajamos distintas posibilidades para tratar de elegir la más deseable de ellas. Por eso hacemos planes, nos proponemos objetivos y elaboramos una estrategia. El propósito final es que, en ese futuro imaginado, nuestra situación personal sea mejor que la actual.

Por supuesto, como sucede con todas las capacidades humanas, algunas personas realizan estas tareas mejor que otras. Unas son mejores en la precisión de las imágenes de futuro, otras en la parte de elaboración de planes, otras en la realización de las estrategias escogidas…

Pero también hay personas que viven todo esto de una forma mucho más complicada. Algunas personas se encuentran en situaciones personales que les impiden «ver» futuros, se sienten atrapadas. Otras son presas de temores que tiñen todas las posibilidades de su futuro de un color oscuro. Las más agobiadas, cuando miran al futuro solo son capaces de ver amenazadoras posibilidades y prefieren ni siquiera «mirar hacia allí».

Para bien y/o para mal, nuestro futuro, aunque podemos barajar probabilidades, es impredecible. No sabemos a ciencia cierta qué va a suceder. Nos puede tocar la lotería, nos pueden ofrecer una oportunidad excepcional… pero también nos puede suceder un accidente que lo cambie todo. No podemos estar seguros de nada. Ni siquiera de si podremos llevar a cabo nuestros planes o de si nuestros planes nos llevarán a las situaciones que habíamos previsto. Aún así, no solo podemos sino que también necesitamos imaginar futuros y diseñar estrategias personales. Esa capacidad es nuestro «mapa» en los caminos que la vida parece presentarnos por delante.

Así que en estas fechas, puestas a imaginar futuros, toda persona debería tratar de aplicar algunas recomendaciones: No hacer planes desde el temor ni desde la euforia; a los objetivos conviene ponerles «obejtivos intermedios» que servirán de indicadores; no ponerse objetivos deseables pero que no dependen de nosotros; no exigirnos lo que nunca hemos podido hacer ni de lejos; contemplar alternativas. Son consejos sencillos y razonables.

Y por último, si siente que se encuentra atrapada en una especie de callejón sin salida, esa persona haría muy bien en ponerse en contacto con profesionales. No se debe navegar sin mapa.