Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Cuando lean esta columna se sabrán los resultados de las elecciones generales y se estará desarrollando la campaña electoral para las municipales y europeas. Como quiera que casi todas las personas tienen una formación favorita en la que depositar sus esperanzas, es seguro que una gran parte habrá experimentado una decepción. Por cada ganador hay varios perdedores, aunque luego la mayoría de los líderes salgan a hacer valoraciones positivas de los resultados.

Somos constructores de realidades futuras. De lo que hacemos (o no hacemos) dependerá la situación futura que habremos de vivir. Y esto puede aplicarse tanto al plano personal como al social. Por eso, antes de actuar tratamos de imaginar, de pensar, de planear, cuál será la mejor opción. Y ahí «viajamos» mentalmente al futuro.

Cuando nuestro psiquismo «viaja» al futuro desarrolla una amplia gama de elementos psicológicos: expectativas, aspiraciones, deseos… también temores, por supuesto. Cada uno de estos elementos tiene su función y cada uno contribuye, a su manera, a dar dirección a nuestras acciones. Por otra parte, cada persona «carga» más o menos esas imágenes de futuro, esas expectativas, anhelos o deseos. Ni que decir que a más carga emocional más fuerte será la alegría o la decepción según se desarrollen los acontecimientos.

Pero la realidad futura tiene la costumbre de ser siempre un poco diferente a la que habíamos imaginado, deseado o planeado. Si es mejor, todo genial. Pero si es peor aparece la decepción, la contrariedad. Algunas personas llevan la contrariedad con cierta normalidad. Pero otras experimentan un impacto muy negativo: se sienten abatidas, frustradas, como bloqueadas. Y ahí hay una situación de riesgo psicológico.

Si la contrariedad o decepción es profunda y se combina con hechos, situaciones o tensiones cotidianas que ya venían generando estrés, esa combinación puede desencadenar un desequilibrio importante que lleve a problemas más graves.

Miramos hacia el futuro porque lo necesitamos para orientarnos en la vida. Pero cuando el futuro nos sorprende necesitamos reorientar las cosas, y eso, en muchas ocasiones es algo traumático.