Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

En los últimos años se está produciendo un aumento más que significativo de los casos de ansiedad. Quizá hablar de «epidemia» pueda no ser adecuado desde el punto de vista más estrictamente científico, pero desde luego, la ansiedad, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en uno de los problemas psicológicos más importantes y extendidos en nuestra población. Y además, este problema se ve aumentado por el consumo desmesurado de medicamentos específicos, no siempre justificado.

La ansiedad se genera en las personas por motivos muy variados. No podemos obviar el momento social ni los efectos de la crisis que para muchas personas han sido demoledores pero tampoco la evolución de algunos procesos sociales que han hecho que la incertidumbre del futuro sea parte habitual de la vida de la gente. En conjunto, vivimos momentos en los que una gran parte de la población no sabe ni por aproximación cuál será su situación económica, laboral o residencial en los próximos años. Y eso, psicológicamente, genera ansiedad.

La inseguridad del futuro se ve acompañada por una necesidad casi patológica de control que resulta muy frustrante. Buscamos control en el descontrol, seguridad en la inseguridad, estabilidad en la inestabilidad, certezas en los cambios. La búsqueda de control es una reacción natural en momentos de inestabilidad o incertidumbre, pero pasa una factura elevada en forma de tensión y ansiedad.

Tampoco podemos dejar de mencionar el consumo de medicamentos asociado a esta situación. Buscamos en el medicamento la solución «milagrosa» o la solución «médica» (que en muchos casos se vive de la misma manera) a problemas que no son de esa naturaleza. Lo sabemos. Sabemos que una pastilla no me va a arreglar la amenaza de desahucio o la incerteza de un trabajo precario… pero al menos me alivia.

El alivio sintomático sin abordar la raiz del problema siempre es «pan para hoy y hambre para mañana». Pero con el agravante de la «tolerancia del medicamento», la «dependencia del medicamento» y los «efectos secundarios del medicamento». Y tampoco podemos olvidar que si nos acostumbramos a buscar soluciones «externas» a «conflictos internos» nuestra fuerza disminuye y nuestra capacidad personal de reacción se debilita.

Si su situación es difícl, no busque soluciones fáciles y rápidas. En esas ocasiones se necesita análisis, determinación y fe en uno mismo. Busque eso más que pastillas. Por supuesto, si su médico se las receta, adelante, pero recuerde las consideraciones de esta columna. Pueden serle de gran ayuda cuando las cosas se ponen complicadas.