Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Si le preguntamos a alguien poco versado en psicología acerca de la labor de los psicólogos, seguramente nos dirán que ponemos mucho interés en escudriñar el pasado, que hurgamos en él para detectar los problemas. Pero eso no es del todo cierto.

De hecho, en muchas ocasiones es el futuro el que más debe ocuparnos. Una pareja enamorada decide casarse. ¿Qué deciden? Deciden avanzar hacia el futuro unidos el uno con el otro, imaginan un futuro juntos, su casa, quizás sus hijos, hasta momentos precisos que vivirán como pareja. Pero… Al cabo de un tiempo llegan desavenencias, conflictos y la pareja decide separarse. En principio podría parecer una buena noticia que una pareja mal avenida decida separarse, al fin y al cabo, la separación pone fin a una situación de infelicidad. Sin embargo el divorcio es doloroso. ¿Por qué?. Pues básicamente porque la decisión de separarse «rompe» (como si de una imagen en un espejo roto se tratara) todas esas imágenes de felicidad futura que tenían almacenadas en su psiquismo. Aquellas imágenes que elaboraron cuando decidieron casarse son ahora imposibles. Ese futuro no será y eso duele mucho.

Una persona consigue un trabajo nuevo. Parece un buen trabajo en una empresa potente, parece algo estable y duradero. Casi de inmediato acuden a su mente cálculos económicos: se podrá comprar esto o aquello, podrá embarcarse en un piso, podrá construir una vida más o menos atractiva con sus seres queridos… Pero la empresa no va bien, hay que reducir personal, empiezan las negociaciones. Las imágenes que esa persona hizo al conseguir su trabajo empiezan a tambalearse, le asalta una gran ansiedad y el temor a que todo se vaya al traste le atenaza. Finalmente pierde su empleo, tiene más de 45 años y, aunque ha logrado ahorrar un poco de dinero para vivir un tiempo, todo su futuro, todas esas imágenes felices junto a los suyos se rompen y son substituídas por otras llenas de temores y amenazantes situaciones.

Son solo dos ejemplos. Dos ejemplos que todos podemos entender perfectamente. Dos ejemplos en los que el futuro y no el pasado es el que provoca el desequilibrio psicológico de la persona. Cierto que el futuro no ha llegado y nadie puede saber cómo va a ser, pero para nuestro psiquismo esas cuestiones no funcionan así. Avanzamos por la vida con el bagaje acumulado en nuestro pasado, un bagaje en el que hay cosas que nos son muy útiles y otras que nos pesan y nos dificultan el camino. Pero avanzamos hacia un futuro que en nuestro psiquismo es muy real, está formado por imágenes, deseos, anhelos, aspiraciones… Es un futuro que nos succiona dándonos la motivación y la fuerza que necesitamos para superar las dificultades del camino.

Recomponer un futuro que nos ayude a avanzar con fuerza es una de las tareas más importantes que un psicólogo debe hacer con quien necesita su ayuda. El futuro, su futuro ¿Cómo está?