Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Imagine que está en su trabajo, siente unas ganas intensas de ir al lavabo y, en ese momento, le llega un encargo que consiste en tomar una decisión respecto a un tema importante que hay que resolver. Estoy segura de que todos los lectores estarán de acuerdo conmigo en que, antes de tomar esa decisión importante, es mejor que alivie su necesidad fisiológica. Aunque quizá no sepan el motivo científico por el que se debe actuar así, la experiencia les ha enseñado que es mejor no tomar decisiones estando en una situación de apremio.

Viene esto a cuento porque es habitual en mi consulta encontrarme con personas que deben tomar decisiones importantes pero viven en situaciones de mucho apremio. Apremiadas por cuestiones laborales, por urgencias económicas, por cuestiones emocionales y/o sentimentales.

Estar apremiado condiciona notablemente nuestras decisiones. Para empezar, el apremio suele generar la tendencia a acelerar las decisiones sin tomarse el tiempo necesario para el análisis de las alternativas y las consecuencias de una u otra decisión. Como comprenderán, una toma de decisión sin tener en cuenta alternativas y consecuencias no es buena idea.

Lo mismo podemos decir cuando estamos ofendidos, enfadados, furiosos… En ese estado, las decisiones seguro que estarán contaminadas por nuestras sensaciones internas, por nuestro enfado, por el deseo de venganza…  En estado de furia no se pueden tomar decisiones acertadas porque el análisis, que toda decisión necesita, estará tan contaminado que la decisión final acabará siendo errónea casi con toda seguridad.

Tampoco podemos tomar decisiones acertadas en un estado de temor, ni amenazados, ni en una situación en la que no hay alternativas viables, ni sin tener datos sobre la cuestión a decidir… Es decir, tomar una decisión importante es algo que requiere ciertas condiciones previas. Sin esas condiciones es muy difícil que demos con la mejor decisión posible.

Y qué condiciones son esas?. Pues leyendo esta columna ya lo han podido imaginar: es necesario el conocimiento de las alternativas y consecuencias; es necesario un análisis calmado y libre de presiones y condicionantes; y también es necesario estar en una situación psicológica libre de emociones que puedan contaminar nuestro análisis: furia, celos, frustración, temor, etc.