Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

A medida que los años pasan, el número de parejas que atiendo en mi consulta va en aumento. Por supuesto, siempre ha habido problemas de pareja, pero yo diría (sin basarme en estadísticas más o menos rigurosas) que la conflictividad en las parejas está aumentando de unos años hacia aquí.

Las parejas actuales han incorporado a su ecuación algunas variables que quizá antes no eran tan acusadas. Para empezar, las edades. Las situaciones económicas y laborales de las personas han retrasado las edades en las que las parejas se forman y consolidan. De la misma forma, se ha retrasado la edad en la que los hijos se pueden despegar del hogar familiar para formar uno propio. Y también influyen modelos de convivencia de los jóvenes que en muchos casos comienzan su vida emancipada compartiendo piso.

Por otro lado, las perspectivas laborales, el nivel de los sueldos y los precios de las viviendas (sean alquiladas o hipotecadas) complican las situaciones de las parejas mucho más que antes. Muchísimas no pueden plantearse tener hijos por ese factor económico, y, como sabemos, los hijos contribuyen mucho a apuntalar las relaciones de pareja y a ver con otra perspectiva los conflictos.

Además de estas dificultades de origen económico, las parejas de hoy no se forman con las mismas expectativas que las de hace una o dos décadas. Plataformas de contactos como Tinder o similares han revolucionado y multiplicado por cien las posibilidades de conocer a personas del otro sexo. Digamos que el «mercado» es mucho más abierto. Y eso, quieran o no, hace que las parejas incorporen un contexto distinto que puede actuar con bastante fuerza en casos de tensiones internas.

Tampoco es ajeno al mundo de la pareja el «alargamiento de la vida sana». Hace un par de décadas no había ni mucho menos la cantidad de posibilidades de «rehacer»  una vida de pareja junto a otra persona como hay ahora. La gente de «50 y» aún tiene por delante al menos 30 o 35 años y eso es un tiempo muy considerable que puede tener su influencia en el momento de afrontar el tramo final de la vida.

La sexualidad, la fidelidad, los modelos de convivencia,  son también factores intervinientes. Pero no podemos abordar todos en un espacio tan reducido. Dejémoslo aquí con una recomendación: comunicación. La medicina que mejor arregla los problemas de pareja es la comunicación. Y si se necesita ayuda profesional, ni lo dude.