Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Para entendernos, podemos considerar como “tóxico” a cualquier cosa que perjudica nuestra salud. Habitualmente se habla de “sustancias tóxicas” que pueden ser alimentos, bebidas o, simplemente, ciertos elementos que al entrar en contacto con nuestro organismo perjudican nuestra salud física. Pero desde hace algunos años, coincidiendo con una mayor conciencia de la “salud mental”, el término “tóxico” también se emplea para referirse a ciertas personas y/o relaciones que nos perjudican la salud, en este caso psicológica.

Quiero  primero diferenciar entre “personas tóxicas” y “relaciones tóxicas”. No es lo mismo. De hecho, prefiero referirme a “relaciones tóxicas” más que a “personas tóxicas”. Me explicaré:

Como sucede con las sustancias tóxicas, el perjuicio que nos puede causar un tóxico depende siempre del grado de exposición. Si la exposición a la sustancia tóxica es intensa el perjuicio será más grave que si la exposición es mínima. En el caso de las relaciones interpersonales sucede lo mismo: depende de la exposición que tengamos a esa relación. No es lo mismo una relación intensa (pareja, padres, hijos, jefes, compañeros de trabajo) que una relación más esporádica (amigos, vecinos, conocidos).

Por otra parte, hay que considerar que las personas con las que tenemos relación, tienen diferencias que provienen de sus creencias, mentalidad, hábitos y experiencias y que, además, atraviesan por momentos diferentes a lo largo de sus vidas. Por eso, una persona puede ser tóxica en un momento dado o en un tema preciso, pero no serlo en otro momento de la vida o en otros aspectos de nuestra relación. Por eso prefiero hablar de relaciones tóxicas más que de personas tóxicas.

Cuando nos encontramos con una situación así, lo que debemos hacer es evidente: rebajar la exposición al tóxico. A veces esta exposición puede no ser fácil de evitar cuando se trata de personas con las que convivimos o trabajamos a diario y, en esos casos, será necesario fortalecer “nuestras defensas psicológicas”. Un buen profesional te puede asesorar en algunas técnicas útiles en estas situaciones. Pedir consejo profesional puede marcar la diferencia entre el agobio de una relación de este tipo y la existencia cotidiana a la que todas aspiramos.