Colegiada N. 8307 - Miembro del Colegio de Psicólogos de Cataluña desde 1995

Con el panorama de elecciones que se nos avecina, puede ser interesante que hagamos un repaso de los mecanismos de los que dispone nuestro psiquismo para los momentos en los que hemos de elegir entre varias opciones.

Elegimos siguiendo tres pasos. El primero de ellos es la selección de la opción preferida entre las posibles. Si imaginamos que la tarea es «ir al cine» lo primero será «ver la cartelera». En ese primer paso, nos informamos de las posibilidades, miramos las películas y, si de alguna no conocemos nada, miramos la ficha o el trailer.

El segundo paso es la «adhesión» a la opción que más nos gusta. No quiere decir que sea la opción ideal, simplemente es la que más nos gusta de entre las posibles. A veces, es la que menos nos disgusta. Y entiendan que cuando hablo de «gusto» es porque es el término que se suele utilizar en cuestiones de cine. En otras elecciones de la vida la palabra más adecuada puede ser «interesa», «conviene», «satisface», «atrae», etc.

El último paso es la «elevación» de la carga emocional de esa elección. Se refiere a que, para que se desencadene una respuesta, es necesario que el nivel de motivación alcance un mínimo. Por ello, cuando hacemos una selección solemos hacer un intento de elevación del nivel hasta que alcance para producir una respuesta.

Algunas personas tienen problemas en el primer momento, el de la «selección» (no se interesan demasiado en informarse) otras tienen más problemas con la  «adhesión» (les da un poco igual esto que aquello) y otras con la «elevación».

Quiero detenerme en las terceras porque como he dicho al principio de esta columna estamos ante un periodo electoral largo en el que habremos de votar para el Ayuntamiento, para el Congreso, para el Senado y para  el Parlamento Europeo y, en cuestiones políticas se está dando una característica muy relacionada con los «elevadores» de los que les hablo.

Algunas personas «elevan» tanto el interés por una opción de las posibles que pareciera que le va la vida en ello. (Si alguna vez ha experimentado esa sensación intensa de deseo por ver una determinada película que no para hasta que consiguen hacerlo, pueden entender lo que se siente y recordar que en esos casos suele haber una cierta decepción: «pues no ha sido tan buena como esperaba»). Cuando la «elevación» es excesiva en materia política se llega al fanatismo: una opción tiene «todas las virtudes» y todas las demás son directamente indeseables.